Blancanieves vs Margarethe




Primera exposición del Proyecto 3CMCV, en la que participo junto con dos artistas (Inés Parcero y Cecilia Segura), quienes también presentan sus proyectos.

Mi proyecto "Blancanieves vs Margarethe" presenta una serie de fotografías-collages, objetos y documentos, aprovechando todos los recursos expositivos que más se utilizan en las exposiciones documentales, para contar una nueva versión del cuento, centrándome en una investigación ficticia que intenta justificar quién pudo ser el personaje real que inspiró a los hermanos Grimm para escribir el cuento de Blancanieves. Esta nueva historia se cuenta a través de Edwin Schoeller, un supuesto fotógrafo alemán que dejó varias fotografías y documentos que aseguran que Margarethe existió en realidad, utilizando los datos y leyendas que pululan como verdaderas en diferentes fuentes, las cuales he sido incapaz de corroborar.

Esta primera muestra estará expuesta hasta el 12 de mayo en la sala Contrafuertes del Museo del Carmen (Calle Museo, 2, Valencia).

A continuación os dejo el texto con la nueva historia, que es el que se presenta en la exposición a modo de hoja de sala:

"Mucho se ha escrito sobre la persona real que pudo inspirar a los hermanos Grimm a la hora de redactar Blancanieves. Varios estudios demuestran que sus cuentos se basan en leyendas orales y en la tradición folkórica europea, y es muy posible que, en este caso se inspiraran en varias historias populares sobre la condesa alemana Margarethe Von Erthal. 
Esta tesis queda reforzada tras el hallazgo del álbum fotográfico privado de Erwin Schoeller en la Deutche Books Antiquare de Munich. Erwin Schoeller (1789-1839) fue un apreciado periodista de sociedad, que a menudo era requerido para inmortalizar los actos de la alta burguesía alemana. Así fue como se introdujo en el círculo familiar de Margarethe, convirtiéndose en testigo silencioso de su juventud. Este álbum reúne un centenar de instantáneas personales y documentos privados que no habían sido expuestos con anterioridad, y que desvelan hechos inquietantes sobre la vida privada de Margarethe. Muestran una vida más dura que la edulcorada versión infantil: sí hubo drogas y pequeños hombres en su vida, pero no la despertó el beso de ningún príncipe.
Margarethe Von Erthal nació en el invierno de 1796 en Wuzburgo, sin que haya ningún documento que certifique la fecha exacta. Se sabe que su madre murió durante el parto. La ausencia de su ocupado padre, Zelig Von Erthal, y la frialdad de su nueva esposa, hicieron crecer la leyenda de un entorno gélido que acentuó la extrema blancura de la niña, cada día más pálida. Su blancura y belleza llamaban la atención de los habitantes de la región, y las habladurías comenzaron pronto, debido a las frecuentes escapadas de la niña por los bosques de Kropfbrunn, que atormentaban a su bien pensante familia. Era complicado encontrarla en una zona montañosa que llegó a conocer como la palma de su mano. 
Cada vez que su padre volvía de uno de sus viajes de negocios, traía regalos y organizaba fiestas de sociedad. Schoeller fue invitado a menudo para tomar fotografías, y poco a poco llegó a ser íntimo de la niña. Margarethe apreciaba la suavidad y paciencia del fotógrafo, mientras él estaba fascinado por su blancura: en sus escritos habla del desafía que suponía fotografiarla. Ese desafío pasó a ser una obsesión, cuando comprobó que su imagen aparecía sobreexpuesta una y otra vez. Tomó fotografías suyas durante años, todas fallidas por la blancura extrema de su carne, ya que su brillo desactivaba las primitivas emulsiones fotosensibles. Seducido por los espejismos fugaces de ese cuerpo, que le hacían preguntarse si estaba fotografiando a una o a varias personas distintas, Schoeller indujo a la niña a tomar pequeñas dosis de belladona para acentuar aún más su terrible blancura. 
Esta relación de curiosidad mutua no pasó desapercibida a la madrastra, que alentó la amistad para intentar controlas las escapadas de su hija. Contrató al fotógrafo para fotografiar las fiestas en público y para seguir a la niña en privado. Gracias a las fotografías de Schoeller y a los mensajes que intercambiaba con la madrastra, se supo que Margarethe pasaba temporadas en la casa de un grupo de trabajadores de la mina regentada por la familia. Más preocupante fue el romance que comenzó con un diplomático belga, en un momento delicado de negociaciones sobre el dominio del Congo. No se sabe si el origen de la conspiración procedió de la diplomacia belga o alemana, pero el 14 de mayo de 1805 Margarethe fue envenenada durante una recepción para evitar filtraciones políticas. 
La belleza de la joven era tan notoria, que el municipio pidió a la familia que velara su cuerpo descubierto. Los padres aceptaron la urna transparente de cuarzo para dejar su cuerpo a la vista de todos y también aceptaron la mascarilla funeraria de Margarethe, a cambio de permitir la entrada púbica en la cripta familiar. Más que muerta, la joven parecía dormida, cuando en realidad permanecía en coma. Los asesinos habían utilizado belladona para envenenarla,  sin saber que la dosis que tomaba regularmente le había proporcionado resistencia suficiente ante una dosis mortal. Los pequeños amigos de Margarethe, que la visitaban a diario, comprobaron una mañana que comenzaba a moverse. La ayudaron a levantarse y la escondieron. Margarethe tenía miedo: no sabía quién había intentado matarla, y dudaba de la posible implicación de su amante, de modo que se desligó por completo de su vida anterior y se exilió durante cinco años a Ginebra. Desde allí se marchó definitivamente a España. Durante su exilio de más de cuarenta años, Margarethe siguió carteándose con Schoeller con nobre falso. Varias de esas cartas se encontraron en el álbum. 
El cuento de Blancanieves fue publicado entre 1812 y 1815, cuando la falsa muerte de Margarethe era noticia en todos los periódicos alemanes. Los ecos de esta historia en el cuento infantil pudo ser un guiño de los hermanos Grimm hacia su amigo Schoeller, que los había retratado en varias ocasiones. No obstante, no queda constancia de su nombre en las notas de los escritores, posiblemente porque su figura se fue oscureciendo con el paso de los años. En apenas una década su recuerdo desapareció de la vida pública, hasta el punto de que, cuando comenzaron las disputas entre Daguerre y Niépce sobre la paternidad de la fotografía, todos se olvidaron de este callado fotógrafo alemán, que estuvo ensayando emulsiones revolucionarias décadas antes del nacimiento oficial de la fotografía."

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